Reseña de Bar Scorpios
Mantener vivo al deseo es cosa seria. Hay quienes lo logran desde la especialización. Yo, cada vez más, lo encuentro en lo diverso: entender un poco de todo y dejar que otras disciplinas te corran el eje.
Mantener vivo al deseo es cosa seria. Hay quienes lo logran desde la especialización. Yo, cada vez más, lo encuentro en lo diverso: entender un poco de todo y dejar que otras disciplinas te corran el eje.
Durante mucho tiempo pensé esa postura como algo personal: curiosidad, dispersión productiva, ganas de no quedarme quieto. Con los años la empecé a ver como una forma de trabajo. Y hoy la veo también como una posición frente al futuro.
Porque si algo se está volviendo evidente es esto: la especialización, como reflejo de la fragmentación social y la segmentación algorítmica del individuo, no es el camino.
El camino es interpretar, traducir, comunicar. Contrabandear conocimiento de un área a otra, conectar puntos que no “deberían” tocarse, destrabar inercias sin esperar al especialista, mantenerse con una mirada integral cuando todo parece fragmentarse. No cerrar: abrir. No imponer un marco de lectura: dejar que el contexto hable.
Cada tanto me acuerdo de una escena que me quedó clavada. The Wire, temporada 4. Bunk llega con resaca a una escena de crimen que su compañera no logra interpretar. Camina, mira alrededor y, como si nada, lo resuelve en segundos. Le preguntan cómo hizo. Responde: “tenés que mirar con ojos blandos; si mirás con ojos duros ves el árbol pero no el bosque”.
Soft eyes dice Bunk en el original. Es todo un concepto, una postura mental: una atención amplia, periférica, que no fuerza nada. No busca confirmar lo que ya cree. No reduce la realidad a un método de abordaje. Es, en el sentido más literal, no apretar la vista. Estar abierto a la improvisación y a la rama intuitiva del pensamiento.
En CX, UX y Producto, esa mirada me viene resultando más útil que muchas certezas. Porque los problemas más importantes no vienen con brief: aparecen como ruido, como repetición, como pequeños tropiezos repartidos en el sistema. Y ahí lo clave no es “saber” sino detectar.
Por eso sigo eligiendo el camino del saber múltiple: un poco de datos, un poco de producto, un poco de diseño, un poco de desarrollo y programación, todo sobre un fondo de lo más tradicional: lenguaje.
El objetivo no es coleccionar cursos para decorar el CV, sino poder hablar con todos, entender más rápido, y hacer que las cosas pasen sin burocracia innecesaria. Luchar contra la inercia.
En un mundo que te empuja a hiperespecializarte, para mí el diferencial va a estar cada vez más en lo contrario: en ser un intérprete de múltiples saberes. Tomar algo de cada área para enriquecer una mirada integral que miira de lejos, que no enfoca el árbol sino que abarca el bosque.

